
Se acerca el 25 de noviembre, el día contra las violencias machistas, y con ello vendrá la manifestación, los vídeos, artículos, productos culturales y, ¿cómo no?, la ristra de argumentos que vincularán el feminismo con la Salud Mental y la terapia. Hay una idea, una idea absurda, que vaga por este imaginario colectivo que padecemos y consiste en lo siguiente: la violencia machista se combate en consulta. Por un lado, hablan de la atención a las víctimas, la atención terapéutica y farmacológica, claro, y por otro, ladran sobre la supuesta reeducación terapéutica que necesitan los agresores. Es decir, según esta idea, los agresores dejarán de serlo si acuden individualmente a verse con una psicóloga o un psicólogo.
Los propios profesionales de la Psiquiatría vomitan en sus revistas científicas sobre la relación entre la violencia de género y las enfermedades mentales. Afirman que la violencia de género es una causa para desarrollar un trastorno mental. Entre los diagnósticos más habituales con los que etiquetan y (re)condenan a estas mujeres podemos encontrar el trastorno bipolar tipo II (el depresivo, por resumirlo), depresión mayor recurrente, trastorno de ansiedad, toxicomanía o trastorno de la conducta alimentaria. Dentro de estas etiquetas lo que encontramos es una tristeza muy profunda y un estado de nervios galopante. Podemos suponer esa situación ante un caso de violencia de género. Pero ¿el diagnóstico no consistiría acaso en volver a tiempos pretéritos y colocar la responsabilidad en las víctimas? ¿No entra dentro de lo previsible que si tu marido te maltrata puedas estar terriblemente triste, sentir una apatía tan grande que no te permita levantarte de la cama y continuar con tu vida, o un estado de nervios con el que no consigas alcanzar el sosiego? Hablan de terapia feminista, pero se trata de la misma morralla de siempre porque las profesionales no cuestionan las categorías diagnósticas que en su día marcaron sus compañeros varones.
Cuando la violencia de género llega a tu vida (ésta llegará, aunque sea por estadística, de la forma y en el lugar que sea, pero llegará pues es una violencia estructural), la respuesta que ofrecen las administraciones es institucionalizar a esas mujeres. Ofrecerles un diagnóstico psiquiátrico como si fuese la barca de Noé acompañada de todas las violencias psiquiátricas que conlleva entrar en este circuito. La respuesta no es proteger a las víctimas, ofrecerles recursos materiales suficientes para ellas y sus criaturas, para que puedan detenerse, asumir el maltrato que han sufrido y con el tiempo, ritmo y recursos que necesiten hacer de su vida el camino que en su día quisieron haber recorrido. El sistema las condena a la cronicidad, a las benzodiacepinas, a los antidepresivos, a los antipsicóticos, al litio porque el dolor que tienen es demasiado molesto para una sociedad que necesita producir de forma constante y que en público reconoce el carácter estructural de esta violencia, pero que, en privado, cuando los focos se apagan, sigue pensando que es una cuestión individual.
Las adalides de la terapia feminista o de aplicar la perspectiva de género en Salud Mental suelen argumentar que los criterios diagnósticos no son iguales para hombres y para mujeres. Bienvenidas al Patriarcado, compañeras. La Psiquiatría es una herramienta de control y así ha servido a lo largo de la historia para dominar a las mujeres. De esta forma se las encerraba en instituciones psiquiátricas por motivos tan variopintos y escalofriantes como: tener opiniones políticas discordantes, relaciones sexuales extramaritales, leer novelas o para que sus maridos se pudiesen volver a casar.
Mirar la Psiquiatría desde el feminismo no consiste en ofrecer, como se acostumbra en esta economía de servicios, una consulta que tenga en cuenta que tu marido te maltrata, sino en abolir la Psiquiatría como otro instrumento del sistema patriarcal que es. De la misma forma, conseguir que la violencia de género desaparezca no pasa por enviar a los hombres a terapia, sino por hacer trizas este sistema que les otorga las condiciones económicas, sociales y culturales que se lo posibilita y sobre el que se sustenta su agresión.
Este 25 de noviembre, todas a las calles, por supuesto, pero con la idea clara de que las violencias machistas no se atajan desde la Psiquiatría y que, precisamente, ésta es un pata más del Patriarcado.

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