Delia Río

Llaman a la puerta. Es un nuevo amor.

Es una persona a la que no le puedes explicar que has estado atada a una cama en un hospital. No unas horas, si no unos días.

Es una persona que no entiende absolutamente nada pero que quiere entender.

No le puedes explicar lo que significa estar catalogada como enferma mental. Que no existe la enfermedad mental pero que toda esta mierda define tu vida.

No puedes evitar sentir que te asocie como algo peligroso, algo dañado.

Y piensas que nada de eso merece la pena.

Que eso de ser amada no es para quién ha vivido el infierno.

No le puedes explicar las pastillas.

No le puedes explicar la adicción.

Las ganas que tienes de tomarte un whisky doble cada vez que se compromete un poco más y tienes que asumir responsabilidad.

Y te dices: esto no es para mí.

A mí ya me jodió la psiquiatría demasiado.

Le explicas que no puedes confiar (nunca) en nadie. Te dice: ya lo veremos.

Es imposible que entienda que tú fuiste hace mucho tiempo al médico porque te sentías mal y el médico te destrozó la vida. Te la robó.

Que te hicieron sentir que eras la culpable de todo lo que te sucedía mientras te hinchaban a pastillas.

Un diagnóstico, dos, tres.

Un ingreso, tres, doce.

Y el sexo. Cómo explicas que hay autolesiones permitidas y el sexo es una de ellas. Que hay un momento que te aburres, que necesitas violencia.

¿Cómo le explicas a alguien que lo único que te hace funcionar es la violencia?

Que ya no te vale con lo que te tendría que valer.

Que cada vez que te dice: te amo, tú sólo piensas en irte.

La bajona colectiva no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradoras.

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