
Iñigo Errejon hace unos años declaró en una entrevista: “ «Yo abrí la cruzada de la salud mental y hoy quiero salir del armario. Voy a terapia desde hace meses y he aprendido a decir ‘no’”. Nos causó mucha risa eso de salir de armario cuando ocultas en un historial que te han ingresado en un psiquiátrico, te han puesto un diagnóstico de “maniacodepresiva” y te han atado a una cama. Sobre abrir la cruzada de la salud mental ignorando a todo el movimiento de supervivientes de la psiquiatría y del Orgullo Loco nos hizo menos gracia.
La semana pasada Errejon ha tenido que dimitir de su puesto de diputado, en su comunicado de renuncia aclara: “Llevo tiempo trabajando en un proceso personal y de acompañamiento psicológico, pero lo cierto es que para avanzar en él y para cuidarme, necesito abandonar la política institucional, sus exigencias v sus ritmos”.
Se ha convertido en un hábito entre los hombres que ejercen violencia machista, dentro de toda su amplitud, el achacar sus agresiones a su “mal estado de salud mental”. Las supervivientes de la Psiquiatría nos aferramos a la idea que ya bramaba el movimiento feminista antes de que todas las profesionales viniesen a contaminar el discurso: NO SON ENFERMOS, SON HIJOS SANOS DEL PATRIARCADO. Agreden porque pueden, porque tienen el poder de hacerlo. El pretexto de la enfermedad sitúa la responsabilidad fuera de ellos, de su alcance, se enclavan en el discurso de pobrecito que no puede evitar violar a las mujeres. Al desposeerles de la responsabilidad de sus actos quedan en un limbo y consiguen la piedad que buscan, que su violencia se disuelva entre la ambigüedad de una enfermedad mental que no existe. La terapia, y en general el trastorno mental, es la iglesia moderna. Antes, el cura se encargaba de la expiación de los pecados, te absolvía de ellos y protegía al pecador arrepentido que acudía al templo religioso. Ahora ese papel lo toma la Psiquiatría que determina que un individuo es o no susceptible de categorizarse como responsable de sus actos, de su violencia. ¡Compañeras! ¡Es una estrategia sublime del Patriarcado! Violenta quien tiene poder para hacerlo, siguen haciendo lo mismo que antaño, nada nuevo bajo el sol.
Forma parte de la lógica y el discurso psiquiátrico la categorización de enfermo. Está enfermo y no puede tomar decisiones o valerse por sí mismo, está enfermo y no puede trabajar, está enfermo y no puede se convierte en una idea que nos imposibilita hacernos cargo de nuestras vidas, de nuestras acciones. El rol del enfermo es la justificación misma de la Psiquiatría. Ellos obtienen ingresos porque nos categorizan como tal, nos necesitan. Los agresores se valen de esta idea para echar balones fuera, para situarse en un plano ajeno a sus abusos, a su violencia. Estos días, junto al círculo mediático que rodea a Errejón y su partido (o partidos), escuchamos preguntas de los periodistas sobre si SUMAR conocía el estado de salud mental del susodicho. De nuevo la prensa fomenta el imaginario de peligrosidad y obvia que el único responsable de las agresiones es quien las comete y no una supuesta enfermedad mental que no existe y que para que esta violencia se dé es necesario un sistema político, económico y social que lo sustente y a eso las feministas lo llamamos Patriarcado. NO SON ENFERMOS, SON HIJOS SANOS DEL PATRIARCADO.

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